
Introducción
A todos nos ha sucedido que, en nuestra soledad y fragilidad, buscamos consuelo en entornos que son indiferentes a nuestro sufrimiento. Nos envuelve una dependencia emocional que, como seres humanos, nos debilita. Sin embargo, en ocasiones somos el faro para muchas personas, el refugio de sus batallas, sin que logren percibir que, detrás de la fortaleza que ven en nosotros, también atravesamos momentos de debilidad.
Cuento preotoñal
Y cuando somos fuertes: nos devora el temor de seguir…
Jumbo
Cuando soy más débil: ¡Así!
Consciente de su falta de fuerzas y del consumido brillo de su luz, una sufrida luciérnaga daba vueltas alrededor de un sucio y apagado farol ubicado en el centro de un parque. Los inevitables aires preotoñales anunciaban su muerte.
Se cuestionaba, melancólica, los porqués de su vida y el cese de las brillantes danzas de sus lampíridos compañeros, que la dejaron en una prematura soledad. Siempre había considerado la luz de aquel farol como su confidente incondicional y, ante su apagón, había interpretado la privación de su refugio y de su amor como una cruel indiferencia, sin imaginar que el antiguo bombillo se había quemado. Desgarró su alma en tristes reclamos al caer la noche.
—Siento una enorme angustia. Llevo años estando aquí, dando luz a la noche, siendo guía en los sueños. Tú lo sabes, eres testigo de ello. Y ahora te has apagado, sin expresarte, sin socorrerme, sólo el hecho de pensar que te pierdo no lo aguanto.
—Una vez me dijiste: “Sé luz en la infinita oscuridad de los demás, sé consuelo, brinda aliento”. Prometiste que todo el amor me sería devuelto, porque es mi esencia. Por eso abandoné todo: mi hogar, mi alimento. Ahora estoy lejos del pantano y eso me ha traído problemas. Imagino a la trágica muerte alistando su ropa para visitarme tan pronto llegue el otoño. Por eso me duele tanto tu falta de luz, claro que noto tu frialdad.
—Trato de ser fuerte, pero la tristeza y la soledad me vencen. No puedo más, y lloro. Mi luz se apaga. No miento. Sabes, si no me contestas, no podré buscarte mañana —se lamentaba.
Y así, entre interminables sollozos, se alejó mientras el alba anunciaba el nacimiento del día.
Sin saberlo, su tristeza duraría muy poco, la soledad sería fugaz. Esa misma tarde de verano que agonizaba, todos los bombillos del parque fueron reemplazados por unos nuevos. Habría muchos faroles a los que aferrarse.
Lo puedes encontrar en
Alvarado Pérez, J. L. (2026). «Cuento preotoñal». En Noches de insomnio. Segunda sección: Noches de BOHEMIA.
Me gusta esto:
Muy profundas las palabras expresadas, cabe comparar con situaciones que día a día nos ensombrecen las esperanzas, sin embargo es un excelente texto, con un toque de romance.