
Introducción
Conversaciones: Uno de los temas que siempre me ha apasionado es el diálogo ficticio, especialmente cuando estos son con la que oscura es y bella se presenta. Cada conversación puede llegar tan lejos como tu imaginación lo permita.
Solía escribir muchos poemas breves a los que titulé Diálogos; la mayoría se perdieron en pedazos de papel durante los turnos en Camoapa. Recuerdo que llegué a enumerarlos hasta Diálogos X (10). Hoy, quiero compartir con ustedes una de mis últimas ocurrencias, un diálogo final al que he decidido titular de manera diferente: Conversaciones.
Espero que sea de su agrado, y quedo a la espera de sus comentarios.
Conversaciones
Te encontraré una mañana dentro de mi habitación y prepararás la cama para dos…
Sui Generis
—Y tú, que rodeas mis ganas…
¿Qué quieres?
***
—Solamente morir.
Tantas veces tentado por tu selecto viaje,
es hora de emprenderlo.
¿Por qué has dejado de hostigarme?
En la oscuridad
encuentro tus conversaciones amenas,
y me atrapan más que la vida
que llevo en la luz del día,
día que oculta mis emociones,
la emoción de dejar de respirar
para así volar.
Tus razones son tantas y convincentes:
Dejar lo que nunca he tenido y
buscar lo que, sin duda,
obtendré alguna vez;
vez que puede ser hoy,
vez que puede ser ahora.
Y entregarme al vacío,
donde ya no hay recuerdos,
ni buenos ni malos.
En la depresión,
tus conversaciones son tan agradables
que te amo,
inspiras a cada momento el querer seguirte sin retorno,
y saber si es verdad que, al alcanzarte,
ves tu vida pasar por delante
o son los instantes hipóxicos
de mi materia gris que muere.
***
—Esta noche.
No se hable más.
Necesitas más tú de mí
que cualquier otro ente en mi lista.
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