
Introducción
Noches de insomnio. Cuando la soledad y el infortunio aparecen, suelen hacerlo juntos, como si fueran compañeros inseparables, y nos sentimos completamente ahogados. Entonces, buscamos refugio en otros lugares, intentando escapar de nuestra realidad y evitando afrontar lo que nos atormenta.
Esta historia explora cómo lo sobrenatural y la superstición, junto al contraste entre la fantasía y la realidad, pueden apoderarse de nuestra mente cuando ansiamos encontrar el valor de las relaciones humanas en momentos de soledad.
¿Te ha sucedido algo similar?
¿Qué podemos aprender de esta fascinante historia?
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Noches de insomnio
❝… las aguas colosales alzan su cabeza por sobre nosotros como demonios de las profundidades, pero como demonios limitados a la simple amenaza y a quienes les está prohibido destruir.❞
Edgar Allan Poe
LA desgracia me acechaba, y no era mera casualidad que todas las cosas me ocurrieran una tras otra con resultados infames e insólitos. Mis notas rozaban la mediocridad, mis versos y prosas no interesaban a nadie, y ni siquiera podía trabajar. Enemistado con mi reducido núcleo familiar y rechazado por la única persona que inspiraba mis noches, me encontraba más melancólico que de costumbre.
Solía dormir fuera de casa, donde hubiera una conversación interesante, café y cigarrillos. Así fue como, cierta tarde, llegué a conocer a una familia humilde a la que le resultaron interesantes mis largas horas de conversación. En medio de su escasez material, compartían lo poco que tenían sin esperar nada a cambio.
La noche se deslizó en un santiamén, y todos debíamos descansar. Me invitaron a quedarme y, para mi sorpresa, una de las jovencitas de la casa insistió en que compartiéramos la misma habitación, un cuarto aislado al fondo del patio.
***
Entramos y, al encender una bujía ahumada, se reveló la pobreza. Al fondo había dos camas de hierro, cada una con un colchón viejo y roído, sin almohadas; pero resultaban muy cómodas, y cubrían por completo mi necesidad de descansar. El piso de tierra parecía recién regado. Un ropero desvencijado separaba las camas, y una de sus puertas delataba la escasez.
A pesar del insomnio que me provocaba la cafeína y la incertidumbre de qué hacía allí, me dispuse a dormir. Antes, me levanté para cerrar la puerta, cuando sentí una fría brisa silbar. Al mismo tiempo, las luces de la casa principal se apagaron. Algo nervioso, conversé un poco más con mi joven acompañante, pero se había quedado dormida en medio de su fascinación por mis elocuentes hazañas universitarias.
Di muchas vueltas en esa cama, preguntándome por qué la mala suerte se empeñaba conmigo. De repente, el cuarto se llenó de una oscuridad y un silencio poco habituales. A un par de metros, apareció ante mí un espectro, levitando sobre un fuego fatuo azulado. Una acentuada aura blanquiazul cubría a aquel ser incorpóreo que llevaba un vestido de novia blanco y gastado. Su rostro estaba cubierto por un velo carcomido que solo dejaba en manifiesto sus vacías y apesadumbradas cuencas de los ojos.
Levantó su brazo derecho. De la manga de aquel peculiar vestido escapó una huesuda mano con su dedo índice señalándome. Sentí que una corriente electrificante se extendía desde su nefasto gesto y recorría toda mi espina dorsal. Cerré mis ojos tan fuerte como pude, suplicando que aquella hórrida pesadilla terminara. No pude levantarme y correr porque el miedo hizo de mi cuerpo el objeto más pesado que se pudiera imaginar.
Habría contado al menos cinco minutos desde el inicio de aquel espantoso momento, por lo que indeciso abrí mis ojos. Para mi desgracia, aquello no había sido un sueño; era tan real como el olor a claveles que emanaba de la inesperada visitante nocturna, que ahora se encontraba a un metro de distancia. La visión era tan espeluznante que solo podía ser descrita como una grotesca amenaza.
—¿Qué quieres de mí? —grité mentalmente, porque mi boca era incapaz de articular palabras—. ¿Quién eres? —continué.
Como si pudiera escuchar mis pensamientos, se inclinó ante mí. Estaba a punto de desmayarme. Acercó su cadavérico rostro a mi cuerpo petrificado. Su aliento sollozante provocó una generalizada piloerección que evidenciaba mi aterrorizada vivencia. —¡Este es tu lugar! —dijo directo a mi mente—. ¡Debes cuidar de ella! —Nada más recuerdo porque caí inconsciente.
***
Me levanté casi al mediodía, aún perturbado por lo ocurrido, y lo primero que hice fue despertar a mi joven acompañante y contarle lo sucedido. No había terminado de hablar cuando salió corriendo hacia la pieza principal en busca de la dueña de casa. La horrorizada mujer escuchó atenta mientras amargas lágrimas escapaban de sus ojos; lo que me dijo a continuación superó mi escepticismo.

—Hace aproximadamente veinte años mi mamita murió; era una mujer correcta y bondadosa —narraba mientras se desplomaba atónita sobre un sillón viejo—. Me rescató de la calle mientras era apenas una niña; éramos solo ella y yo. De muy joven le di nietos y esta casa se llenó de vida, pero el tiempo me la arrebató. Sus últimos momentos de vida fueron en ese mismo cuarto, y la cama donde falleció ocupaba el mismo espacio donde aseguras haber vivido tu increíble experiencia.
—Yo era madre soltera el día que falleció —rompió en llanto y continuó—. Me sentí desesperada, entre tristeza e impotencia, llamé a las puertas de mis vecinos por ayuda. Todos ellos abrazaron mi dolor y le dieron a mi mamita un sencillo pero decente ataúd, pero su apoyo no alcanzó para vestirla.
—Fue entonces cuando encontré entre sus escasos harapos su vestido de primera comunión junto a su coronilla; así le di el último adiós a mi mamita, vestida de blanco. Antes de morir solía decirme: ¡Esta casa es tu hogar!, ¡Debes cuidar de ella!
Lo puedes encontrar en
Alvarado Pérez, J. L. (2026). [Noches de insomnio]. En Noches de insomnio. Segunda sección: Noches de INSOMNIO.
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¡Lindo! 👏👏
Hey primo Felicidades nuevamente. No estoy seguro el porque me sumerjo en el microcuento, talvez por que he vivido tantas experiencias similares viajando de proyecto en proyecto. Algo muy parecido me ocurrió en la cruz de río grande, Tumarin.
Lastima que son escritos cortos porque quisiera leer más. Ojalá hagas una parte 2. Saludos primo, muy bueno!